Volverse loco

Guardarte las cosas. ¿Qué tan sano es guardarse las cosas? Por ejemplo, me acuerdo que mi papá siempre me decía que no me aguante las g...


Guardarte las cosas. ¿Qué tan sano es guardarse las cosas? Por ejemplo, me acuerdo que mi papá siempre me decía que no me aguante las ganas de hacer pipí, porque no era bueno estar guardando esa cantidad de líquido innecesario en mí, y que me podía dar una infección y es peor aún que una mujer se ande aguantando las ganas de nada en la vida, o bueno, de hacer pipí, pero ya me fui por la tangente como siempre. En fin, no guardarse nada, ni líquido con toxinas, ni ganas de hablar, ni ganas de gritarle a algo, o de besar, o lo que sea.
No voy a mentir, claro que me guardo las cosas, pero es que, para esto también hay que ser una estratega, hablar cuando haya que hablar, callarse cuando hay que hacerlo; la planificación es clave.
¿Se imaginan si fuéramos por ahí diciendo todo lo que nos pasamos guardando en el pecho, lo que siempre se queda en la punta de la lengua? El caos.
Ningún extremo es bueno, pero hay que balancear. No se trata de aplicar la de altanera e ir por la vida escupiendo agresividad o llanto, creo que la idea va un poco en buscar ese punto de equilibrio, en el que no dejas que tu mente te gane. Es muy, muy difícil, pero hay que intentarlo. En este proceso, en el que admito no he logrado todavía llegar al bendito balance, creo que no está demás compartir lo que hago de vez en cuando para no volverme loca y optar por aplicar la de la purga.

Llorar. Vamos, que alguien de aquí me niegue que llorar no tiene un je ne sais quoi que ayuda a despejar todo. Es mágico, reparador, liberador. Espera, antes de que te pongas a llorar en cualquier lugar, mejor escoge esos spots en los que te sientas libre de hacerlo. Eso sí, llorar no es para todos, en especial si te vas a pegar el llanto en la ofi y si justo eres de las que se maquillan mucho y te toca volver a tu puesto, siendo así, recomiendo maquillarse after llanto. Si eres de los que cree que llorar te hace débil, entonces aquí termina la lectura para ti, bye bye.
Ahora que ya lloraste, pero todavía sientes que tienes cosas que dejar salir, No hay nada más lindo que pegarse una buena puteada de vez en cuando, agarrar un pato, uno que se lo merezca y dejar salir todos los rayos y centellas del alma.
Y si te da toda la pena del mundo agarrártela con una pobre alma en desgracia, siempre te queda, el amigo/a aguantón. De todos los tipos de amigos que se deben tener, este es el imprescindible. Este ser humano valioso será él/la que siempre puedas llamar para mandar todo a la m… putear sin sentido, echarle la culpa al mundo y por más repetitivo que puedas sonar, esta persona escuchará y te abofeteará de ser necesario. 
Apasiónate por algo. Duh, descubrí el agua tibia. Sé que suena evidente y que de seguro todo el mundo te lo dice, pero es real. ¿Te gusta bailar? Ve y baila. Que no sabes bailar, y qué importa. Que ya estás viejo/a y que no estás para empezar recién a aprender algo nuevo y que es difícil coger el ritmo y… shhh *(inserte aquí cachetada)*, para las excusas, si te gusta hazlo, lo importante acá es liberar la tensión que te da el resto de la vida. Si lo tuyo es el deporte, ve sácale la madre a las pesas, o a esa triste colchoneta eternamente húmeda del gym, o trépate a la bici, sal a correr por ahí.
Confía en el poder de la canción. No quiero adoctrinar a nadie aquí, pero este es mi método favorito. No, no importa qué tipo de música sea tu música favorita, el punto aquí es hacer con ella lo que te ayude a dejar salir las cosas. Ármate un playlists, dos, mezcla esas canciones con las que te vaciabas los pulmones cantando, con esas que te exprimen cada partícula de agua salada del organismo. Cantar no es necesario (aunque siempre es bueno para mí, pobres mis vecinos y padres), deja que la música haga lo suyo. Yo soy fan de los playlist, pero también fan de escuchar álbumes enteros de corrido, ya dependerá de cada persona, solo no le cierres tu corazón de dejarte vibrar de verdad, por una buena rola. 
Aunque podría seguir de largo, acabaré con un pequeño, pero no menos eficiente, bonus tip: Escoge bien a qué le vas a dedicar tu energía. Dejar de guardarse las cosas es importante, pero lo es más saber a qué le vas a dedicar tu tiempo y energía. A mí me costó entenderlo (y aún sigo en eso), pero poco a poco, se logra. No country for stubborn ones.

No te quedes con las ganas, seamos más directos, si queremos algo vayamos por ello, si nos rechazan o si sale feo, lo importante es haberlo vivido y haberlo sacado de nuestro organismo. Dejemos de ser acumuladores de intenciones, dejemos, en general, de acumular cosas que nos van matando por dentro, luego vienen los arrepentimientos, la ansiedad, la mordida de las uñas y otros tics, los tontos tics que no se van y que poco a poco nos vuelven un poco más locos. Seamos locos cuando haya que serlo, pero asegurémonos de no terminar por los parques y calles gritando sobre el apocalipsis que está por venir, que creo que de eso ya no nos salva nadie.


Viernes otra vez

Viernes, sinónimo de libertad, sinónimo de procrastinar, sinónimo de plan, sinónimo de salida, sinónimo de vida social, sinónimo de “¿qu...


Viernes, sinónimo de libertad, sinónimo de procrastinar, sinónimo de plan, sinónimo de salida, sinónimo de vida social, sinónimo de “¿qué vas a hacer hoy de noche?”, sinónimo de “un vinito”, sinónimo de “mejor me quedo en casa”, sinónimo de netflix, sinónimo de cita casual, sinónimo de primer(os) beso(s), sinónimo de “¿será que salgo hoy?”. Viernes.
Benditos viernes que sin intención, nos ponen un montón de presión encima.
Cada persona vive viernes distintos. Hay de los viven los viernes en “modo fiesta" y que sea como sea encuentran la excusa perfecta para salir a farrear. Encajan aquí los que se enteran de los spots de moda, esos que están pegando. Son ellos los que, sin importar cuántas horas de más hayan trabajado a la semana, saben que el viernes es viernes y no habrá nada ni nadie que les quite ese momento de perreo intenso que sus rodillas han estado esperando toda la semana.
*Nota al pie* siempre es conveniente tener a uno de esos amigos en tu grupo (o cerca), para cuando quieras probarte que también puedes (semi) perrear y que no eres un robot que no nació con habilidades perreísticas.
Luego vienen a los que la semana les chupó la vida y tienen esos viernes con ganas de nada; ellos son los que juran que cada viernes llegarán a casa a ver un película y a relajarse en la cama, pero que realmente llegan y se quedan prendidos en el celular perdiendo un montón de horas scrolleando their lives away.
Para otros, los viernes son sin duda sinónimo de comida, de salir a comer, de salir con el grupo de amigos de siempre y comer. De tachar el nuevo spot gastronómico porque hace rato decidieron que no hay nada mejor en la vida que COMER. Estos comerán, conversarán y se reirán, mientras sus sonrisas muestran restos de buena comida que decidieron compartir otro de esos viernes, en los que con alma de gordos, unieron un poco más sus vidas entre bocado y bocado. Kudos to them.
Estamos los que usamos los viernes como otra excusa para cafetear, porque siempre es bueno probar un nuevo rincón cafetero… o repetir mil veces el mismo porque ya sabemos que está bueno y además los dueños ya son amigos y siempre nos tratan de lo lindo.
También están los viernes que llamo los “a ver qué trip”, esos viernes para salir sin más, sin saber qué pasará. Viernes para primeras citas, primeras conversaciones, incómodas, lindas o un poco extrañas. Aunque no hay muchos de esos viernes, no hay duda de que son de los que más nos gustan, porque nos dan una probadita de algo nuevo, ese coqueteo con lo incierto que, sin duda, quisiéramos que dure un poquito más.
Por ahora estoy en mi etapa de viernes raros, o mejor dicho viernes aventureros. Creo que son una mezcla de todos los mencionados anteriormente; esos viernes en los que llegas a casa y ya casi que estas en pijama, pero escribe alguien en algún chat de algún grupito social y te cambias en 3 segundos y estás camino a la fiesta. Pero son también esos mismos en los que, a veces, ya lista para la farra, miras a tu perro, miras a tu cama, de nuevo a tu perro y decides que el plan cama + perro + netflix pega más. 
Viernes tontos, raros, pseudo viernes, lo que sea.
Y hoy que es viernes ¿con cuál se quedan al final?

Los mal llevados

Bienvenidos a la generación de los mal llevados. Nunca sabemos lo que queremos y como nos demoramos tanto en descubrirlo lo dejamos ...


Bienvenidos a la generación de los mal llevados.

Nunca sabemos lo que queremos y como nos demoramos tanto en descubrirlo lo dejamos pasar. Saboreamos las cosas buenas, las tenemos ahí, pequeñitas, ingenuas, las tomamos y las disfrutamos un poco, pero como las dejamos venir, las dejamos marchar. Somos unos catadores infieles, de esos a los que les gusta todo lo que prueban, pero al final no se llevan nada. Vitrineamos la vida porque es mejor así, vamos tanteando, y nos encanta utilizar el término “tantear”, y prueba y error  y bla bla bla.

No nos casamos con nada, porque quién sabe qué vendrá después y ¿por qué arriesgar? vivimos exhaustos, porque sí que es cansada esta rutina de irse y no quedarse jamás. 
Donde no nos quieren, nos quedamos, donde nos quieren a medias, nos instalamos, donde más nos necesitan, nos negamos a estar. 
Somos expertos en quedamos con las ganas de muchas cosas, porque estamos esperando a que el universo obre mágicamente por y con nosotros. ¿Cómo sabemos si el universo no quiere que lo dejemos tranquilo un rato y que de una buena vez tomemos alguna decisión?

Nos encanta el agobio, aunque digamos que no es cierto, vamos por la vida agobiados. El trabajo, la rutina y el agobio.
Nos duele la espalda alta, la baja, el cuello, pero no, no es dolor, es angustia, la angustia que se ha instalado en nuestro cuerpo, o mejor dicho que se está manifestando molestosa en nuestro ser físico. Le untamos ungüento y no se va, le ponemos hielo, calor y crema de marihuana y coca, pero no se va. La angustia nos invade y le damos cabida.
Somos necios y tenemos ínfulas de resueltos, pero no distinguimos algo bueno de algo que no trascenderá.

Y hoy, no me cabe duda, que en época de mal llevados, los tiempos son duros en especial para esos eternos enamorados, esos que todavía escogen creer en el amor, son tiempos difíciles para esos que se suelen entregar muy pronto a la adictiva costumbre de andar de a dos. Y es que, estos son más tiempos de amores superfluos, de besos pasajeros, de noches fugaces, de visitas rápidas, de amores mal llevados que vienen sin ton ni son.
Sí, estos son tiempos para los que tienen miedo, los que no le van a las grandes apuestas, los desinteresados, esos que no van a dar de más.

Si luego de leer esto, consideras que no formas parte de esta generación, entonces lo mejor es retirarte a tiempo, antes de que duela en serio, guardarse, aprender a querer de a poco y a no exponerse a nada. Es mejor entender que estos son tiempos para los mal llevados y que la única salida es adaptarse, morir en el intento, o mudarse a uno de esos países donde nunca sale el sol, y salir a socializar no es la primera opción. Felices todos.

¡Qué cagada!

Pareciera que cada año es una acumulación de pequeñas cagadas , sí. Pero no, no nos adelantemos no son necesariamente todas malas, algu...


Pareciera que cada año es una acumulación de pequeñas cagadas, sí. Pero no, no nos adelantemos no son necesariamente todas malas, algunas cagadas son buenas ¿o es que no han escuchado que si los caga una paloma es de buena suerte? Bueno pues, yo quiero seguirla cagando, porque así se me da. No quiero sonar cliché ni nada, pero he aprendido mucho así, cagándola, haciendo todo lo que me ha dictado el instinto, la tripa, o siendo honesta, siguiendo las ganas de ver qué pasa. De broma en broma he sobrevivido.
Y aunque muchos me viven diciendo que no la cague, o que por qué la cagué, si todo me iba tan bien así o asá ¿qué les puedo decir? Yo escucho todos los consejos que me dan: los jóvenes, los viejos, los más sabios, sobre todo mi papá; escucho porque hay que aprender a escuchar, y hay que analizar y escoger con lo que nos queremos quedar. Yo lo he intentado de todas las formas; he sido atenta, alerta, cautelosa, me he lanzado de una, he sido impulsiva, he aplicado la de recatada, la de bacán, todo, al final siempre la cago, pero esa también ha sido la parte genial.
Y es así, hay que aprender a vivir con las cagadas que cometemos, embrace them, porque son parte de lo que somos y nada las borra mágicamente. Hay que aprender a hacerse bolita y a llorarlas (si son del team llanto, como yo), o a matarse de risa y atisbarlas de vez en cuando, para no regresar a ellas. 
No, esto no quiere decir que vamos a ir por la vida de cagada en cagada, no, esto quiere decir, tal vez, que podemos atrevernos a hacer lo que nos hace sonreír de más, a apostarle a las felicidades efímeras, porque no sabemos con certeza cuánto duran las cosas (ya sean buenas o malas). No sabemos, aunque nos matemos tratando de buscar las señales que nos den todas las respuestas, y le dedicamos horas, días, la vida entera a darle significado a todo, a darle un sentido, que muchas veces no tiene nada de real. 
A veces pasa, y hay que dejarlo pasar. Los planes se vienen abajo, las cosas no son lo que parecen, la gente decepciona, unos se llegan a quedar, algunos van dejando marca, otros nos quieren mal, pero igual los queremos de vuelta. La gente no es eterna, nos enteramos tarde, lastimamos adrede o sin darnos cuenta, nos importa mucho, o a veces muy poco, nos pasamos de la cuenta, o no expresamos nada, estamos hechos de cagadas, pero es normal, solo hay que saber cuándo es suficiente y dejarla de cagar.
En lo personal, este año ha sido mucha mierda, de la que me han quedado incontables aprendizajes, cicatrices, fantasmas. A estas alturas no me queda más que pararme de nuevo y ponerme a limpiar el desastre. No me quejo, la vida es esto y está bueno.

¿Vamos por una cagada más?

El dolor de un país

Qué duro salir a la calle hoy y pensar en todo lo que en estos días viene pasando, qué duro abrir las redes y ver los mensajes de odio, ...


Qué duro salir a la calle hoy y pensar en todo lo que en estos días viene pasando, qué duro abrir las redes y ver los mensajes de odio, de distintos tipos, odiando lo pactado, odiando lo que pudo ser, odiando a otros, no nos damos cuenta de que lo que espetamos sin pensar, deja marca y lastima, nos daña y nos hunde. Para mí no hay nada más fuerte que la palabra, y aunque muchas veces he abusado de ella, el aprendizaje que me ha quedado es que debemos analizar antes de gritar desde el dolor y el odio.
Creo que lo más doloroso de esto es ver nuestro entorno y darnos cuenta de que en un país con 17 millones de habitantes, estamos más solos que nunca. Solos porque permitimos que nuestras diferencias y opiniones sean el catalizador de resentimiento, solos porque frente al conflicto nos señalamos y olvidamos que somos ecuatorianos y que, aunque hayamos nacido en distintas condiciones, nos une el suelo que pisamos. 
Hoy nos duele mucho nuestro país, nos duelen los daños, la violencia, nos duelen las decisiones y la impotencia, pero no olvidemos que el dolor es energía y es oportunidad, nos incomoda y nos obliga a ponernos de pie, a agarrarnos la cabeza y a pensar; el dolor nos recuerda que estamos vivos y que vivos podemos lograr cosas, porque no hay nada peor que estar aquí y dedicarnos a estar muertos cada día. Sea cual sea el dolor que toda esta travesía nos ha dejado, no lo desperdiciemos en palabras lastimeras y en defender argumentos que no suman.
Y no, esto no es cuestión de irnos del país para sentirnos libres, ni de huir para dejar atrás tanto conflicto, conflicto hay en todos lados, solo que un conflicto ajeno es siempre más atractivo que el propio. Si nos vamos hagámoslo para dejar nuestro país en alto, si volvemos, que sea para avanzar y que con nosotros lo haga también el Ecuador. 
Dejemos de creernos superiores porque estamos donde estamos, dejemos de escudarnos detrás del odio injustificado, dejemos de separarnos y trabajemos en encontrar eso por lo que debemos luchar juntos. 


Buenos lunes

Los lunes no son nada fáciles, parece que es el lugar común. Antes no le encontraba mucho sentido a esta afirmación, porque mis lunes e...


Los lunes no son nada fáciles, parece que es el lugar común. Antes no le encontraba mucho sentido a esta afirmación, porque mis lunes empezaban bien, empezaban escuchando la voz de los que amo, llamadas matutinas que, aunque se acompañaban con bostezos, siempre terminaban bien. Empezaban con rides en el carro, con conversaciones de la vida, con el programa de fútbol popular de fondo. Mis lunes comenzaban bien.
Hace un tiempo que tengo lunes distintos y es raro, hace un tiempo que todo es un poco raro de hecho, mucho ha cambiado en poco y eso es raro.
Pero ahora entiendo que los lunes estén tan estigmatizados, porque ando viviendo en lunes raros todos los días. Yo extraño los lunes que ya no tengo, pero creo que en realidad lo que yo tenía era lo extraño.
Nos levantamos los lunes y pensamos en lo rápido que se acabó el fin de semana, tal vez deberíamos levantarnos a pensar en lo que tenemos, en lo genial que es empezar otra semana hablando con los que amamos; quizás los lunes deberían ser el reseteo de lo malo de la semana anterior, cada lunes que se sume lo nuevo más lo viejo. 
Yo sabía de buenos lunes, los atesoraba, o al menos creo que por un tiempo, lo hice. Agradezco los que tuve, los recuerdo, los lloro de vez en cuando, los saludo desde la almohada, desde algún lugar de mi cama.
Por ahora, en mi intento de simular mis buenos lunes, pienso en el café que me voy a tomar, la nueva rutina de ejercicios, las ganas de irme a algún sitio; nuevo lunes inventados, superficiales pero que abrazan.
Hoy es lunes y estoy aquí, dispuesta, como buena necia, a empezar una nueva aventura. El sabor de los buenos lunes se asoma, pero no se queda, yo ya me he acostumbrado a su estado intermitente.
Duele, pero acostumbra, lastima, pero enseña.
Encuentren sus buenos lunes, que por ahí están, instálense en ellos y vean qué pasa. No digo que se acomoden, ni que se dejen de inquietar, después de todo ¿quién dijo que un buen lunes es uno estacionario? Los buenos lunes también inquietan, llegan a incomodar, angustian para que los recuerdes, dejan marca los malditos, una que sin duda es muy difícil borrar. 

Culpa

Vivimos tirándole la culpa a la vida. Le hablamos a la vida, a una vida en general, que nos hace daño, que de alguna manera se pasa ate...

Ahogarse en problemas

Vivimos tirándole la culpa a la vida. Le hablamos a la vida, a una vida en general, que nos hace daño, que de alguna manera se pasa atetando contra nosotros. La odiamos, la golpeamos, la maldecimos al aire y le pedimos a la misma vida que nos dé un respiro.
Luego, todo sale bien y le agradecemos. Definitivamente somos unos mal llevados con la vida.
Pero es nuestra vida después de todo y los que la formamos somos, sin duda, nosotros. 
Luego traicionamos a la vida, y la rompemos un poco, le hacemos daño pero sabemos que por ahí va a estar, moribunda y cuando nos duele, le gritamos, le recordamos lo mucha mierda que vale y nos volvemos a convencer de que definitivamente nos vive jugando una mala pasada.
Maldita vida.
¿Es realmente la vida la culpable? eso creemos todos, que justificamos los malos ratos inculpando a la pobre. Nos justificamos porque así duele menos, duele menos cuando se puede señalar a alguien, duele menos cuando la cosa parece lejana. Hasta que ya no es lejana, y está aquí cerquita, instalada en tu casa, cuando te mira de frente, a los ojos y te recuerda que no hay vida culpable, o mejor dicho que todo este tiempo creaste este personaje al que le podías trasladar un poco de dolor.
La vida debería venir con advertencias, piensas. Quién sabe, tal vez sí. 
¿a quién quieres engañar? la vida no te hizo olvidar de atarte los zapatos para que te vayas de boca en la mitad de la calle, la vida no te hizo decir cosas lastimeras o hablar de más. ¿por qué “la vida”? y si fue “la vida” ¿la vida de quién?
A pesar de todo, nos seguiremos engañando y culpando a la vida, es cierto. Nos engañaremos hasta no poder más, o hasta que la vida se convierta en lágrimas y nos empape la cara, hasta que nos ahoguemos con la vida y por fin nos demos cuenta de que la vida no era más que otro defensa contra el miedo. Y claro que somos miedosos, pero ese, ya es otro tema.