Extrañar

Era raro, tenía esta sensación terrible en alguna parte del cuerpo, una que no podía ubicar, así como cuando te empieza a picar la m...



Era raro, tenía esta sensación terrible en alguna parte del cuerpo, una que no podía ubicar, así como cuando te empieza a picar la mano y al rascarte te das cuenta de que el picor no viene de ahí, si no de alguna otra zona, por más que lo intentas no logras darle fin a esa picazón, y no te queda más que esperar a que ese tormentoso momento acabe. Así.
Quise culpar a las pocas horas de sueño que había tenido durante toda la semana, pero el insomnio siempre ha sido algo normal en mi vida, por lo que lo descarté rápidamente. 
Había pasado poco desde el día en que lo dejamos, pensé en tu ausencia, pero no creí que una falta pudiera ocasionar un mal físico tan real, ahora me arrepiento de mi incredulidad.

Me fijé que poco a poco iba perdiendo peso, al principio me alegré al ver que esas libras que me sobraban iban desapareciendo, pero luego, cuando empecé a sentir mis costillas, fue cuando me comencé a preocupar.
No había dejado de comer, tal vez le bajé un poco a los carbohidratos por las noches, pero no mucho más. Sí, me sentía triste y lloraba a cántaros, pero que yo sepa el llanto no adelgaza y la tristeza no va adherida a ningún régimen nutricional.

Entonces lo noté. Ayer en la mañana luego de la desganada rutina de gimnasio que me obligo a hacer cada día, ahí estaba, un hueco pequeñito en la mitad de todo mi pecho.
No era tan grande como para que me asustara de inmediato, pero tampoco tan pequeño, decidí ignorarlo por un rato, hasta que me di cuenta de que iba creciendo diariamente.
Primero fue fácil disimularlo: ropa holgada, sonrisas fingidas, cambios de tema abruptos ni bien alguien lo percibía, nada que con una buena estrategia no se pudiera tapar.
El problema fue cuando se empezaron a salir las cosas, o mejor dicho cuando se negaron a entrar. Comer se convirtió en un martirio y ni se hable de los ataques de ansiedad; tener un hueco en el pecho es un trabajito, y más si intentas que nadie lo vea.

Cada vez que te pienso, crece un poco más el hueco, pero no lo puedo evitar. Yo intento y tú rebelde te apareces en mis sueños, yo solo me despierto y veo que la circunferencia es más y más grande y que los límites de mi cuerpo serán alcanzados dentro de poco, llevándome a la pronta extinción.
El médico y el psicólogo me recetaron tiempo y en eso estoy trabajando. Descubrí que los días en los que no te extraño el hueco se mantiene, como siempre duele, pero al menos no crece. Ya me he acostumbrado a llevarlo debajo de cada atuendo y hemos logrado convivir con la cantidad de dolor precisa para que solo crezca un poquito cada mes. Según mis cálculos me consumirá completamente en agosto, lo bueno es que al menos tendré otro verano.

Soltar

¿Qué les puedo decir? hoy, todo se trata de aprender a soltar . Sí, soltar, esa palabra que he escuchado más que nada en este último añ...


¿Qué les puedo decir? hoy, todo se trata de aprender a soltar. Sí, soltar, esa palabra que he escuchado más que nada en este último año, de la que no me quise hacer muy amiga, pero poco a poco, entre regañadientes se tuvo que convertir en una de mis pequeñas filosofías de la vida. “Hay que soltar” me dicen los posts de Instagram que veo todos los días en las cuentas de frases empoderadoras que juro me hablan de cada uno de mis problemas. Y yo las leo y reflexiono y les contesto, que claro que quiero soltar, pero es que nadie te pone el pequeño manual de cómo hacerlo sin que en el camino se te vacíe un poquito el alma. Y es duro, lo es.
Por su puesto que soltando te haces más fuerte y aprendes de los errores y sales al mundo con ganas de hacerlo todo, pero al mismo tiempo te va quedando una pequeña marquita por dentro que te hace tener un poco de miedo de volver a aferrarte a nada, miedo a quedarte en un lugar por mucho tiempo y acomodarte, porque no sabes cuándo te toque volver a, sí… soltar.
Sigo aprendiendo a hacerlo, no lo voy a negar, de hecho, luego de todos estos meses que siento que me he pasado soltando cosas como loca, estoy segura de que sigo en nivel amateur/principiante/for dummies porque no, no es nada fácil. Es que a veces la mente divaga y te hace olvidar de los arduos procesos y cuando menos te das cuenta ya te estás encariñando de nuevo con esto o aquello y pum llega la hora de dejar ir y no sabes qué mismo está pasando y te toca hacerlo, te toca llenarte de valor o del sentimiento que sea para desempolvar los archivos y recordar cómo mismo es que tienes que soltar. 
Deberás, sea como sea, hacer reset, o formatear la máquina y borrar de golpe un montón de cosas que te dan vuelta en la cabeza, sin pensarlo mucho, ojos cerrados y un solo dolor. Deberás armarte de valor y lograr arrancarte ese diente de leche que ya está sueltito pero que se niega a irse porque de alguna manera extraña no quiere caer y además tú ya te has acostumbrado a ese placentero dolor que aparece cuando lo mueves con la punta de la lengua. Deberás empezar nuevas convicciones, rituales y costumbres, que incluyan verte fijamente en algún espejo y decirte lo mucho que lo vas a lograr, porque sea como sea lo vas a lograr (¿verdad?).
Deberás rodearte de mucha gente que esté dispuesta, día a día, a decirte que esto es lo mejor y que esto también pasará y que no olvides que eres una amazona independiente y fuerte, diosa del Olimpo que conseguirá cualquier cosa que se proponga. Son ellos los que te mandarán el mensaje cada día recordándote eso y más y se calarán tu llanto espasmódico, el feo, el raro, el inefable y además todo el bla bla bla que quieras sacar, un trabajito.
¿Qué más les puedo decir de todo esto? Suelten, sí suelten, pero no tengan miedo de volverse a aferrar, ni de seguir a esa otra vocecita que les dice que lo hagan, que se instalen en algún lugar, que se agarren con todas las fuerzas y que estén all in, temblando pero arriesgando, porque yo creo que eso es los que nos hace sentir de verdad, esas ganas que no las cambiaría por nada, ni por devolver todas las lágrimas regadas, ni por no recuperar todas esas horas de sueño, nada.
Ahora que me toca soltar una vez más, respiro con fuerza, desempolvo y recuerdo los pasos exactos y las instrucciones sabias, esas que ya me funcionaron una vez, esperando a que las cosas pasen, así como todo pasa.

Nos quedamos en casa

Qué loco todo esto ¿no?   Siempre pensé que si algún día nos tocaba estar en cuarentena, sería por un Apocalipsis zombie u algo por...


Qué loco todo esto ¿no? 

Siempre pensé que si algún día nos tocaba estar en cuarentena, sería por un Apocalipsis zombie u algo por el estilo. Sí, soy de esas que está un poco obsesionada con los muertos vivientes y además, más vale estar preparada para cualquier cosa. Ahora es cuando agradezco todas esas horas invertidas en lecturas sobre futuros distópicos, pandemias y películas del fin del mundo.
Y hoy estamos acá, todos en el encierro, en nuestras casas o donde nos haya tocado estar, tratando de ser productivos y de no volvernos locos, adoptando nuevas rutinas o tratando de adaptar las viejas a este nuevo tipo de vivir momentáneo.
En mi intento por no volverme loca, y por ayudar un poco a todos en días de enclaustramiento, intentaré darles pequeños consejos para llevarlo mejor:

Levántate pronto. Ya sé que todo el mundo lo anda diciendo, pero es real. No cambies tu alarma (bueno tal vez puedes atrasarla un poquito), intenta estar de pie como todos los días, temprano y lista para la acción. Recuerda que todo es mental, piensa que estás yendo a la ofi todos los días y no que te quedas en casita con todas las comodidades. Si no logras engañar a tu mente los resultados pueden ser fatales.
Ten un spot de trabajo. Aléjate de tu cama. Ese hermoso colchón ultra cómodo, con tus sábanas y la almohada temática de tu película favorita son tu peor enemigo. No dejes que te seduzca y escoge un lugar más apropiado para abrir la compu y ponerte a trabajar. Cerciórate de tener todo a la mano: compu, cargador, libreta, pluma, desinfectante, agua (o lo que sea que les guste tomar), algún snack, etc. 
No te quedes en pijama. No te digo que te pongas las galas, tampoco la ropa que usarías para ir a la ofi, porque es irreal. Pero quítate esa camiseta vieja con la que duermes ya hace muchos años, báñate y ponte algo comfy con lo que sí saldrías de casa. Ponte el look de “ir al super”, ese que está cerca de ser una pijama, pero que también es aceptable para recibir la mirada pública.
Haz ejercicio. Ya sé que es difícil, peor si no era parte de tu rutina de la vida normal. Creo que este es el momento perfecto para incorporarlo a tu día a día. Claro, no es que de la noche a la mañana vas a estar en modo Rocky (inserte aquí “Eye of the tiger”) pero lo importante es hacer alguito. Yo, llevo años haciendo ejercicio en casa y ya tengo a mis gurús fit, que con sus rutinas cortas me han salvado de la obesidad mórbida. Pueden empezar con Blogilates con rutinas geniales, chiquitas y perfectas para hacer en cualquier esquina del hogar (la amo), o si prefieren a alguien que les hable con acento de español de España (hostia), está la increíble Patry Jordan 💜 o si lo que les gusta es el yoga, porque quieren algo con menos saltos y agresividad (jeje) enamórense, como yo lo estoy, de Yoga with Adriene. Si estas opciones no les van, siempre pueden al menos caminar, dar paseítos por la casa, o si viven en una urb. Salir a dar una vueltita por ahí.
Organiza tus tiempos. Recuerda que esto es como si estuvieras en la ofi, entonces haz lo mismo que harías de estar allá. Si eres de los que hace lista de ToDos (yo sí que lo soy), no la dejes de lado. Lo importante es comprometerte a lograrlo, un poco cada día, caso contrario te va a distraer todo, y vas a terminar clasificando tu ropa por colores y tus libros en orden por tamaño, editorial o color, etc. 
Deja de comerte todo. Esto de trabajar en casa es complejo, te da ansiedad y la ansiedad te da hambre y el resultado es terminar comiéndote todas las chucherías que tienes por la casa. Vas a terminar parándote mil veces a coger snacks; que las galletas, el canguil, un pedazo de chocolate o un cake. Bueno no me malinterpretes, si quieres comer a cada rato, eres libre, el problema es que en tiempo de cuarentena, hay que consumir lo justo y necesario. La gente anda como loca vaciando los supermercados, no querrás quedarte con la refri vacía antes de tiempo, a este paso te vas a acabar tus provisiones al día dos. Planifica tus comidas y así felices todos.
Extraña. Sé que suena raro, pero aprovecha este momento de distancia con tus amigos, novio/a, potencial algo/crush/padres (si es que no vives con ellos o si te agarró el encierro lejos de casa), para extrañar. Para darte cuenta de lo mucho que te gusta tener a estas personas en tu vida. Extraña las largas conversaciones en persona y los abrazos, el olor de tus papás cuando te abrazan y el sabor del café, vinito, cerveza que te pegabas con tus amigos cada semana. Es tiempo de apreciar gente, nunca se está tarde.
Haz videollamadas. Sé más millennial de lo que ya eres y mantente conectado con los tuyos. No solo con la gente del trabajo, llama a tu mejor amiga/o, queda con tu chico/a para hacer un date virtual, mira películas en línea; crea nuevo hábitos. Hábitos lindos, en momentos duros 💜
Sé que es difícil estar lejos de los que quieres, en especial si el encierro te tocó lejos de tu familia, pero tratando de mirar el lado positivo a la situación (such a cliché), un poco de distancia también nos hace bien a todos, algo así como dice Chicago…

Everybody needs a little time away, I heard her say from each other…
Even lovers need a holiday, far away from each other. 🎼

Y bueno, espero que esto los ayude en algo, o que al menos sea una buena lectura para pasar el rato ✌🏻, el resto ya lo sabes, cuídate, lávate las manos, usa alcohol, la la la, y obvio #QuédateEnCasa 
Vamos que luego de esto se viene lo bueno ¿saben lo emocionante que será cuando nos volvamos a encontrar? ⚡️

Bonus: Les dejo un playlist de spoty que uso para chillear y creo que todos necesitamos relajarnos un poquito en estos días. 
Enjoy!


Amar

Esta semana mis padres cumplieron 34 años desde la primera vez que empezaron a salir. Ajá, no de casados, de salir. Desde que tengo mem...


Esta semana mis padres cumplieron 34 años desde la primera vez que empezaron a salir. Ajá, no de casados, de salir. Desde que tengo memoria, siempre han celebrado dos fechas: esta y el día de su boda. Me pareció gracioso al inicio que celebraran este momento, pero luego entendí, que para ellos era muy importante recordar el día en el que decidieron empezar a conocerse de otra manera, comenzar a ser parte de la vida del otro, de los planes, de las preocupaciones, del ocio, empezar a ser juntos. Yo, como buena fan del amor que soy, los apoyo siempre en celebrar el suyo.
Se conocieron en Barcelona, en los ochenta, mi pa había ido allá a acabar sus estudios, mi madre era una veinteañera viviendo con sus amigas en Andorra, todo un Sex and the City español (léase con acentito). Sin celulares ni tecnologías que los mantuvieran en constante contacto, se las ideaban para verse pegándose los viajes de ciudad a ciudad, y para hablar utilizando las cabinas de paso. Yo, hoy, revivo su amor en las fotos de los álbumes que crearon, esos en los que los dos me muestran ese lado joven de ellos que nunca llegué ni llegaré a conocer; el de las melenas locas, la pseudo barba que mi papá nunca pudo llegar a cosechar, el estilazo de mi mamá, los rincones europeos que formaron parte de sus primeros años y que, entre broma y broma, siempre prometen volver a visitar.
Yo sé, sé que mi papá es un gruñón con alma de niño, es un bromista que se esconde en el cuerpo de un serio doctor, sé que tiene sus costumbres extrañas y sus formas de hablar, sé qué cosas le puedes decir de frente y qué otras cosas hay que decírselas a través de mi mamá. Yo conozco esta versión de mi padre, la de ser papá.
Sé de mi ma que es una mujer más que fuerte, que está llena de emociones igual de intensas, sé que de ella saqué lo temperamental y lo sensible, sé que si se enoja no hay nadie que te salve,  y que luchará por los que ama hasta el final. Sé que amaba bailar en las discotecas con sus plataformas y mini faldas setenteras, conozco todo sobre esta mujer, en su versión que hoy llamo mamá.
De los dos sé que aman madrugar, que son fanáticos de ir al mercado a comprar frutas, sé que cocinan juntos y mi mamá le tiene paciencia al modo cocinero de mi papá que ensucia ollas, rompe platos y que siempre hace arroz de más. Sé que adoran los domingos para salir por ahí a pasear, sé que son “viejo” y “vieja” incluso cuando aún eran jóvenes. Sé que se intercambian los periódicos mientras toman el desayuno y se comparten las noticias, y que a veces, mi pa se las lee en voz alta a mi ma. Sé que no son 100% compatibles y que discuten por estupideces, pero que al final aquí están, tomando café juntos cada tarde, yendo al super como hobbie compartido de cada día, porque siempre, siempre hay algo que comprar.
Han sido años y años de conocerse y de volverse a conocer para ellos. En un mundo que ha cambiado tanto, estoy segura de que son muchas las versiones de las que se han tenido que volver a enamorar y creo que eso es lo más hermoso. Yo los observo con parsimonia y admiro esta manera de querer que me muestran cada día, esa de los pequeños detalles y de la compañía. Porque al final, al final el amor es encontrar un compañero de vida, uno que decida ir a tu lado en cada decisión que te toque tomar. Es hallar a ese alguien al que le puedas contar tus sueños más tontos y que entre sermón, risas o llanto te diga “vamos”. Es duro, entiendo, pero viendo a mis pas, sé que es real. 
Yo sí digo entonces, vamos por más de esos amores cómplices, que aunque complicados son por los que quiero apostar. 
No voy a decir que he sido perfecta en esto de amar, pero prefiero seguir arriesgando a apresurarme a amar si amar, a salvarme del abismo, refugiándome en él. Amar de verdad es para valientes, como lo fue mi ma por allá en los ochenta, cuando decidió coger sus maletas y cruzarse la vida para estar con mi pa. 
Y es que como diría Benedetti: 

…no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves…


Así que cumples años

Te ves al espejo y no ves grandes cambios, eres la misma de hace unos días, con las mismas marquitas que te ha ido dejando la vida, los...


Te ves al espejo y no ves grandes cambios, eres la misma de hace unos días, con las mismas marquitas que te ha ido dejando la vida, los mismos lunares, el mismo cabello alborotado, las mismas ojeras tontas que se han ido formando con el tiempo; eres tú, la que ayer tenía 25 y hoy 29. Pero no, no eres la misma, tienes un año entero de vivencias y nuevos aprendizajes encima, tienes heridas que en un año te hicieron crecer diez, emociones que te hicieron sentir meses en una semana, nuevos recuerdos que de alguna u otra forma te harán cambiar tu manera de ver cada día. 
Cumples años y te cuestionas un montón de cosas, teorías sobre la existencia, sobre tu existencia. Y siempre eres muy joven para tus padres y muy vieja para tus amigos. Siempre “tienes todo por delante” y “estás enterita”, siempre te comes los años “porque en serio te ves como de 23”, te vas acostumbrando a ser la joven en el cuerpo de la no tan joven.
Y a pesar de que la edad es solo un número, sé que para muchos tiene un gran peso, por eso le huyen a mencionarlo, pretenden olvidarlo, y adornan sus tortas con signos de interrogación que soplan entre risas evitando el muy fastidioso “¿cuántos cumples?”.
Hoy para mí, es solo “el final de los 20s” otro final más, pero al mismo tiempo un casi nuevo comenzar, un reseteo, y de vez en cuando ¿quién no quiere resetear?
Te miras una vez más y te das cuenta al final, que es cierto que tu cuerpo ya no cambia tanto como antes, que ese rollito apareció para quedarse, que hay una, dos, tres canas debajo de tu frondoso pelo negro, y que los dientes blanco perla, parecieran tener pequeños destellos amarillos que se niegan a irse con este o ese enjuague bucal. Eres la misma, pero el cuerpo se desgasta y te deja la notita recordándote que eres otra al final. 
Pero es también emocionante. Emocionante no saber lo que se viene después, asomarnos a esa incertidumbre que aterra, que mueve el piso, que nos apura. Emocionante planificar sabiendo que la vida se cagará en nuestros planes, porque lo  va a hacer, y la cretina nos observa intentar llevar a cabo lo que tanto teníamos en mente, nuestra desesperación, el llano, la frustración, el desencanto. Solo lo comprendes cuando te das cuenta de que así se crece, de que así te formaste y llegaste a ser tú; incomprensible, testaruda, sentimental, dramática, divertida, fuerte, tú.
Es tu cumple, estás viva, de repente tienes lleno el celular de mensajes de personas con las que no hablas nunca, pero que por algún motivo creyeron que era pertinente coger sus teléfonos buscar tu número y mandarte un “hey, feliz día”, pero no han hablado en un siglo y quizá no vuelvan a hablar hasta dentro de un año, a pesar de que se respondan y se prometan topar el próximo sábado. 
Es tu cumple y hay torta, y hay canto, hay fiesta y el gato volador de fondo para prenderla. 
Es tu cumpleaños y sigues acá, haciendo alguna diferencia, pudiendo dar abrazos, pudiendo besar a otros y sentir el calor del amor de tus padres, amigos o hermanos, estás y puedes pertenecer, a lo que sea, a ti mismo.
Sea lo que sea que decidas hacer en tu próximo cumpleaños, siéntelo. Si es nostalgia hacia todo, si es rabia con el mundo, si es coraje por las arrugas, si es amor por la vida, si es indignación por lo que te rodea, felicidad por lo que te llega o tal vez tristeza por estar solo mientras estás acompañado, cualquier cosa siéntela, porque ahí es cuando sucede todo.
Si estás acá cumpliendo años es por algo, ahora sal de aquí y ve haz que cuente una vez más.

Feliz cumpleaños.


Querida mascota

A Ringo, mi pequeño príncipe Llegaste aquí, a mí, llegaste porque así lo quiso el universo (o cualquiera de esas fuerzas espiritual...


A Ringo, mi pequeño príncipe


Llegaste aquí, a mí, llegaste porque así lo quiso el universo (o cualquiera de esas fuerzas espirituales que habitan la vida), llegaste a mi hogar y yo llegué a ti. Llegamos el uno al otro y así fui feliz. Gracias ¿por qué? Por la tolerancia, por la entrega; por ser abrazo, almohada y desahogo, por ser sinónimo de calma, hogar y felicidad infinita, gracias por ser, por haber sido.
Entiendo que no entiendes mucho cuando me desvivo por darte besos, comprendo que es complicado ver a un ser diferente a ti queriendo hacerte hacer cosas, comer cosas, sentir cosas que están fuera de tu comprensión, lo entiendo y una vez más te agradezco por seguirme viendo con los mismos ojos aunque mil veces me pase de intensa, de loca, de histérica.
Te amo, sí, lo hago y no lo digo a la ligera. Pero es un amor aparte, no es el tipo de amor de los amantes de turno o el de las parejas, te amo de una manera extraña que no se puede poner en palabras. Te amo cuando te veo e intento ponerte apodos de amor que terminan en sin sentidos, mezclando términos de amor acabo con frankensteins que intentan acercarse a lo que siento, pero nunca es suficiente. Y tú me miras, con los ojos acuosos y te dejas amar de esta manera errante, te dejas porque eres un pedazo de amor puro, al 100% no lo sabes pero eso eres, amor en toda su esencia, amor que con mucha suerte tocó mi puerta y se quedó a habitar mi caótica existencia.
Nos tenemos que separar, lo sé, así pasa. Desgraciadamente, los humanos vivimos más que las mascotas, es tan injusto que te tengas que marchar, es tan tonto que yo tenga que continuar sin ti, pero es mi turno de comprender esta parte del camino. Cumpliste el cometido por el que te pusieron a mi lado, me ayudaste a estar donde estoy. Te calaste mis llantos innecesarios por temas no tan importantes, te acurrucaste a mi lado cuando me vine abajo por los relevantes; fuiste mi sombra, mi hermano, mi amigo, fuiste de todo, pero sobre todo fuiste el rayito de energía que me ponía feliz entre tanta mierda.
Mi amor es tuyo, como el tuyo fue mío. Mi pequeña compañía de vida, mi fuente de amor incondicional. 
Y guardaré tus fotos en mi cabeza; esa al pie de la puerta, al borde de mi cuarto o junto a mi cama. En posición de salto, listo para treparte a la silla a la hora del almuerzo, acostado panza arriba cuando el sol empezaba a golpear en el patio, tú y tu carita entre mis piernas cuando querías que te sobe de más. 
Pequeña mascota mía, a donde sea que te vayas voy a extrañar. 
Amarte es esto, amarte es dejarte ir con todo el sentimiento desbordándose por mis ojos, amarte es saber que te vas pero que te quedas, que te quedas para seguirme enseñando a vivir.
Aprendí de ti más de lo que me imaginaba y me siento extremadamente afortunada de que hayas sido tú lo que el cosmos eligió para mí.

Nos vemos en alguna otra vida, porque sé que seguro nos volveremos a topar. 


Volverse loco

Guardarte las cosas. ¿Qué tan sano es guardarse las cosas? Por ejemplo, me acuerdo que mi papá siempre me decía que no me aguante las g...


Guardarte las cosas. ¿Qué tan sano es guardarse las cosas? Por ejemplo, me acuerdo que mi papá siempre me decía que no me aguante las ganas de hacer pipí, porque no era bueno estar guardando esa cantidad de líquido innecesario en mí, y que me podía dar una infección y es peor aún que una mujer se ande aguantando las ganas de nada en la vida, o bueno, de hacer pipí, pero ya me fui por la tangente como siempre. En fin, no guardarse nada, ni líquido con toxinas, ni ganas de hablar, ni ganas de gritarle a algo, o de besar, o lo que sea.
No voy a mentir, claro que me guardo las cosas, pero es que, para esto también hay que ser una estratega, hablar cuando haya que hablar, callarse cuando hay que hacerlo; la planificación es clave.
¿Se imaginan si fuéramos por ahí diciendo todo lo que nos pasamos guardando en el pecho, lo que siempre se queda en la punta de la lengua? El caos.
Ningún extremo es bueno, pero hay que balancear. No se trata de aplicar la de altanera e ir por la vida escupiendo agresividad o llanto, creo que la idea va un poco en buscar ese punto de equilibrio, en el que no dejas que tu mente te gane. Es muy, muy difícil, pero hay que intentarlo. En este proceso, en el que admito no he logrado todavía llegar al bendito balance, creo que no está demás compartir lo que hago de vez en cuando para no volverme loca y optar por aplicar la de la purga.

Llorar. Vamos, que alguien de aquí me niegue que llorar no tiene un je ne sais quoi que ayuda a despejar todo. Es mágico, reparador, liberador. Espera, antes de que te pongas a llorar en cualquier lugar, mejor escoge esos spots en los que te sientas libre de hacerlo. Eso sí, llorar no es para todos, en especial si te vas a pegar el llanto en la ofi y si justo eres de las que se maquillan mucho y te toca volver a tu puesto, siendo así, recomiendo maquillarse after llanto. Si eres de los que cree que llorar te hace débil, entonces aquí termina la lectura para ti, bye bye.
Ahora que ya lloraste, pero todavía sientes que tienes cosas que dejar salir, No hay nada más lindo que pegarse una buena puteada de vez en cuando, agarrar un pato, uno que se lo merezca y dejar salir todos los rayos y centellas del alma.
Y si te da toda la pena del mundo agarrártela con una pobre alma en desgracia, siempre te queda, el amigo/a aguantón. De todos los tipos de amigos que se deben tener, este es el imprescindible. Este ser humano valioso será él/la que siempre puedas llamar para mandar todo a la m… putear sin sentido, echarle la culpa al mundo y por más repetitivo que puedas sonar, esta persona escuchará y te abofeteará de ser necesario. 
Apasiónate por algo. Duh, descubrí el agua tibia. Sé que suena evidente y que de seguro todo el mundo te lo dice, pero es real. ¿Te gusta bailar? Ve y baila. Que no sabes bailar, y qué importa. Que ya estás viejo/a y que no estás para empezar recién a aprender algo nuevo y que es difícil coger el ritmo y… shhh *(inserte aquí cachetada)*, para las excusas, si te gusta hazlo, lo importante acá es liberar la tensión que te da el resto de la vida. Si lo tuyo es el deporte, ve sácale la madre a las pesas, o a esa triste colchoneta eternamente húmeda del gym, o trépate a la bici, sal a correr por ahí.
Confía en el poder de la canción. No quiero adoctrinar a nadie aquí, pero este es mi método favorito. No, no importa qué tipo de música sea tu música favorita, el punto aquí es hacer con ella lo que te ayude a dejar salir las cosas. Ármate un playlists, dos, mezcla esas canciones con las que te vaciabas los pulmones cantando, con esas que te exprimen cada partícula de agua salada del organismo. Cantar no es necesario (aunque siempre es bueno para mí, pobres mis vecinos y padres), deja que la música haga lo suyo. Yo soy fan de los playlist, pero también fan de escuchar álbumes enteros de corrido, ya dependerá de cada persona, solo no le cierres tu corazón de dejarte vibrar de verdad, por una buena rola. 
Aunque podría seguir de largo, acabaré con un pequeño, pero no menos eficiente, bonus tip: Escoge bien a qué le vas a dedicar tu energía. Dejar de guardarse las cosas es importante, pero lo es más saber a qué le vas a dedicar tu tiempo y energía. A mí me costó entenderlo (y aún sigo en eso), pero poco a poco, se logra. No country for stubborn ones.

No te quedes con las ganas, seamos más directos, si queremos algo vayamos por ello, si nos rechazan o si sale feo, lo importante es haberlo vivido y haberlo sacado de nuestro organismo. Dejemos de ser acumuladores de intenciones, dejemos, en general, de acumular cosas que nos van matando por dentro, luego vienen los arrepentimientos, la ansiedad, la mordida de las uñas y otros tics, los tontos tics que no se van y que poco a poco nos vuelven un poco más locos. Seamos locos cuando haya que serlo, pero asegurémonos de no terminar por los parques y calles gritando sobre el apocalipsis que está por venir, que creo que de eso ya no nos salva nadie.